"Ás catro da mañá, nunca se sabe se é demasiado tarde, ou demasiado cedo". Woody Allen







domingo, 24 de abril de 2016

El kibbutz: establecimiento comunal colectivo. Por Josep Pla


Por Josep Pla
"Israel: 1957"
Editorial Destino

El kibbutz es una de las instituciones más originales de Israel. Es un fenómeno de colectivización que ha dado excelentes resultados y ésta es una de las razones que explican la reticente, a menudo adversa política, de la URSS, respecto de este país: el kibbutz socializante —en definitiva de socialismo de mercado de Israel— ha sido una institución eficaz y positiva, mientas que el koljoz ruso ha sido un completo desastre económico y social. La comparación es demasiado odiosa y viva para que pueda ser perdonada por el dogmatismo comunista irreal y apriorístico.



A principios de siglo, los primeros inmigrantes comprobaron que el obrero árabe agrícola, ser primitivo, habituado a un tipo de vida de una gran precariedad, encontraba trabajo con mayor facilidad que el obrero judío cultivado y progresista, infatigable pero inhábil. Esta constatación les llevó a agruparse colectivamente y a trabajar en común. Sus esfuerzos, no obstante, no habrían podido cristalizar si el Fondo Nacional Judío no les hubiera dado la tierra fácilmente. Cuando la tuvieron, para obtener algún resultado, hubieron de hacer considerables sacrificios. La primera kuntsa o kibbutz fue fundada en Degania, en el alto Jordán, a base de la ideología socialista de David Gordon. El principio que defendía Gordon era éste: hay que dar a cada uno según su capacidad y según sus necesidades. Sostenía que el trabajador padre de familia ha de ganar más que el padre de familia que tiene menos hijos, y éste ha de ganar más que el soltero sin obligaciones. Este principio ha hecho muchos progresos en todas partes. (Es innecesario advertir que prácticamente toda la legislación social que se aplica en muchísimos países nació en Israel, sin forma legal perceptible, espontáneamente.) Gordon entendía el kibbutz como una gran familia, formada como máximo por catorce o quince trabajadores y sus familias, porque su experiencia le llevaba a creer que una empresa colectiva formada por más gente era por definición ingobernable y estéril. El kibbutz, en sus inicios, fue, de este modo, un establecimiento colectivo limitado. Esta limitación se rompió, no obstante, con rapidez, ya que respondía únicamente a una agricultura de monocultivo. Con la llegada de nuevos emigrantes y la necesidad de producir más y más cosas, el colectivo se amplió. Gordon ha pasado a la historia moderna de Israel no sólo por lo que acabamos de describir, sino por el esfuerzo que realizó para demostrar que la práctica de un trabajo manual es favorable a la maduración y a la ampliación de la inteligencia.

La transformación del kibbutz limitado y cerrado en el kibbutz abierto y amplio llena la historia del asentamiento agrícola en Israel. La concepción del kibbutz abierto ha triunfado porque las mismas condiciones económicas lo han exigido. Ya no hay ninguna organización de esta clase que no tenga más de sesenta familias, pero son raras los que tienen más de 2.000. La extensión de la tierra que el Fondo Nacional Judío ofrece al kibbutz depende de su calidad y del agua de que puede disponer. Si la tierra es buena y el agua abundante, la extensión naturalmente es menor que si el kibbutz es de secano y la tierra de poca calidad.


La base de esta organización es la propiedad de los medios de producción por parte de los kibbutzim que forman parte de un kibbutz. La organización es contraria, así, a la filantropía de la época de los Rothschild y a las formas de trabajo asalariado de la moshava. El kibbutz recibe la tierra del Fondo Nacional y a menudo un capital más o menos importante para comenzar. El precio de la tierra se va pagando por anualidades, y el capital es devuelto tan pronto el kibbutz gana dinero. Pagada la tierra y restituido el dinero, los bienes del establecimiento pasan a ser propiedad de sus miembros. Para un miembro del kibbutz, esta propiedad puede describirse con estas palabras: «todo esto es mío, pero nada me pertenece». Eso quiere decir que el espíritu del kibbutz está formado por el idealismo de sus componentes: el socialismo de sus ideales y el nacionalismo, de elevada temperatura, obstinado en construir una patria.

No existiendo salarios en los kibbutz, no existe moneda de circulación entre sus miembros. Existe en cambio moneda en las relaciones del kibbutz con el exterior, porque es natural que, si el organismo compra un tractor, o una trilladora, la pague. El kibbutzim tiene derecho a casa, alimentación, vestuario, educación de los hijos, asistencia social de todo tipo: médicos, farmacia, clínica, entierros. Asimismo, el kibbutz mantiene a los padres viejos de los trabajadores kibbutzim, a base de que los viejos no trabajen pero que se entretengan con lo que más les agrade, porque se considera que en la vejez la inacción es fatal. El kibbutzim tiene derecho a quince días de vacaciones anuales; si los pasa fuera de la comunidad, se le da el dinero necesario.

El comedor es común y la cocina es general; al frente de cada cocina está un cocinero. Las criaturas viven en común, pero, cuando los padres han acabado de trabajar, las criaturas se incorporan a la vida de familia. El hecho de que las mujeres no tengan que cocinar las permite estar más tiempo con sus hijos que cualquier familia obrera europea corriente. La vida social o cultural se hace en centros colectivos

Las tiendas son generales. La colectivización, en todo caso, no llega ni a la intimidad ni a la casa. Las familias no viven en bloques, sino en casas aisladas. En la puerta de la casa se acaba la comunidad. Así, el kibbutz no tiene nada que ver con el comunismo integral. De la vida colectiva, sus miembros utilizan lo que les puede resultar más útil: por ejemplo, la cocina en común. La comida es, fatalmente, un poco cuartelaria. Es un grupo de familias que comen en un restaurante colectivo. Por otro lado, el organismo se rige por la asamblea general de sus miembros, la cual elige un comité ejecutivo con poderes durante un año. Este comité resuelve los problemas de todo tipo que se van presentando, tiene la dirección agraria y comercial y se ocupa de la relación con el interior en todos los aspectos: económicos, sociales, políticos y de administración diríamos municipal.

El kibbutz puede ganar dinero o no ganarlo; puede estar bien administrado o no estarlo. Después de los trabajos que sus miembros realizan, acaba ganando algún dinero. Esto quiere decir que el kibbutz ha llegado a transformar una tierra precaria en una tierra de calidad. Cuando el kibbutz se encuentra en la etapa constructiva y no gana dinero, suele ser extremista y de un idealismo utópico. Al comenzar a obtener beneficios, se conservadoriza y la fraseología se vuelve diferente. Hemos preguntado a muchos kibbutzim:
- Cuando ganan dinero, ¿en qué utilizan el sobrante? ¿Se lo reparten?
- Todavía no estamos en ese momento. El dinero ganado se utiliza sistemáticamente para mejorar el kibbutz desde todos los puntos de vista: no sólo para mejorar las condiciones de la tierra, sino la vida familiar de sus componentes. Las comodidades del kibbutz se incrementan con todas las aportaciones que ofrece la vida moderna. Por otro lado, con el dinero que se gana se emprenden otras empresas, sobre todo las de industrialización de los productos de la tierra. En este aspecto, existen kibbutz muy importantes que mueven volúmenes de negocio considerables.



Sospecho que todas estas informaciones serán acaso poco comprendidas en países de individualismos arcaicos como el nuestro, de escépticos, desconfiados y resentidos. No hay que olvidar, de todos modos, la mentalidad de quienes fundaron los kibbutz, el idealismo de los socialistas rusos, polacos y centroeuropeos que imaginaron estas formas de vida colectiva, la influencia que en todo el proceso tuvieron las mujeres y sobre todo el sionismo y, por tanto, del espíritu de sacrificio, la temperatura patriótica y la fe en Israel, que es la clave del arco central. Por otro lado, el kibbutzim cree que el salario corrompe y que la gente que trabaja por un salario trabaja , sin amor, en la desesperanza y en el vacío —y en la soledad.

En el kibbutz, la política es naturalmente un elemento esencial. Una buena parte de sus componentes forman parte del partido Mapai, del cual es decisiva la figura de Ben Gurion, o sea, del Partido Laborista israelí, muy parecido en su organización al partido Laborista británico. pero también existen muchos kibbutzim afiliados al partido Mapai Mapam, situado más a la izquierda, pero sin aceptar ningún punto de unificación con el comunista.

La característica del kibbutz es el idealismo, y el hecho explica por qué estos organismos, hablando en general, están bien administrados. En su composición, se observan dos clases de elementos: el obrero agrícola, propiamente dicho, y el hijo de familia burguesa, en ocasiones muy rica, situada generalmente en la diáspora, procedente de países diversos, que ha abandonado las pompas y vanidades de su clase y se ha puesto, en un kibbutz, a trabajar para Israel y para los imperativos de la moral y la patria. Me aseguran que, entre los doce millones de israelíes que permanecen en la diáspora, la juventud se siente cada vez más impulsada por la fascinación del retorno a Israel. Es perfectamente natural. También habremos de hablar, cuando llegue el momento, de lo que representa el kibbutz en la organización militar —de los kibbutz de la frontera sobre todo, que son una realidad esencial.

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