"Ás catro da mañá, nunca se sabe se é demasiado tarde, ou demasiado cedo". Woody Allen







domingo, 9 de mayo de 2010

El velo mental...


El velo mental
Entre las viejas cantinelas, todo un clásico: la negación de la sexualidad de las mujeres

Por Joana Bonet

La Vanguardia - 10.05.10

El tapis roulant de la actualidad nunca cede, pero en su sucesión imparable de hechos no todo es novedad. Cambia el entorno, la piel de las ciudades y sus gentes, pero las viejas cantinelas siguen firmando el guión del mundo. Y entre ellas, todo un clásico: la negación de la sexualidad de lasmujeres. De forma invariable, las leyes sociales han determinado la existencia de cuatro puntos calientes en su cuerpo: el pelo, la cintura, el pecho y los pies. Fatigosos y aperreados han sido los intentos para ejercer poder y control sobre ellos. Durante siglos se vieron obligadas a constreñir sus pies para que no crecieran; en cuanto a la cintura, hasta que Paul Poiret no convenció al mundo de que los corsés no sólo acorazaban el alma, sino también la dignidad de las mujeres, varias generaciones se asfixiaron aprisionadas en miriñaques y crinolinas. Hubo un tiempo en que para ser una dama había que beber vinagre a fin de lucir una tez blanca. Y una viuda debía de enlutarse hasta su muerte, además de cubrir el transistor con una funda, porque en su casa tan sólo había lugar para el silencio y el planto.

Hiyab en árabe significa "esconder, ocultar, separar". No es sencillo ponerse en la piel de quienes defienden su uso, y critican una mirada etnocentrista, en lugar de cuestionarlo como un símbolo universal de sumisión femenina. También cuesta creer que a causa de un trapo, en Irán, Yemen o Arabia Saudí, aquellas que no renuncian a sentir el aire sobre sus cabezas y se desvelan son arrestadas. Desde el Gobierno hasta la Iglesia, en España se ha expresado un sentir generalizado: es una tradición y como tal hay que respetarla. Pero cuántas barbaridades se siguen cometiendo en nombre de la tradición. Su dictadura ignora la razón y se refugia en creencias y supersticiones para justificar el secuestro de la libertad. En octubre del 2002, en la banlieue parisina, un chico quemó viva a su vecina, Sohane, porque no llevaba velo. Dijo que parecía una prostituta. Ese es el trasfondo del viejo asunto del velo, la etimología perversa que tras él se esconde.Hoy, la polémica sigue envuelta en su protector barniz multicultural. Pero no es un espíritu colonialista ni xenófobo el que pretende limitar el uso del velo en pleno siglo XXI. Ni el nudo de la cuestión radica en estar a favor o en contra, sino en el triunfo de la tradición, hasta tal punto que muchas mujeres declaran sentirse culpables o desnudas cuando no lo llevan. El verdadero reto consiste en quitar el velo de las mentes. Abolir el dictamen de una moral sexual: "Nos obligan a cubrir nuestro cuerpo para que los hombres no se exciten", dice la escritora y psiquiatra egipcia Nawal al Saadawi. Sería deseable que se impusiera la razón y fuéramos capaces de ver la humillación que representa cubrirse cabeza y cuerpo, no para quienes lo eligen libremente, sino para las que están obligadas a velar su identidad

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20100510/53924270082.html

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