"Ás catro da mañá, nunca se sabe se é demasiado tarde, ou demasiado cedo". Woody Allen







miércoles, 10 de diciembre de 2008

Chegoume unha carta de Caracas...


Llegué a Caracas sobre las tres de la tarde del sábado. El paso por la aduana fue rápido y mi primer contacto con Venezuela fue, precisamente, laagente de aduanas, una chica joven con tetas de silicona que lejos de la proverbial dulzura venezolana ostentaba un gesto más propio de un rape quede un homínido. Teóricamente me estaban esperando en el aeropuerto, pero mis anfitrionesde la UCV (Universidad Central de Venezuela) no se aclararon bien y, unos por otros, la cuestión es que allí no había nadie. Cuando uno sale al vestíbulo del aeropuerto de Caracas y nadie lo estáesperando, se siente como ese ñu viejo y cojo que va quedando rezagado de lamanada en la planicie del Okavango: en cuestión de minutos surgen de la nada (bueno, de la multitud de cuerpos que allí se agolpan) como una docena dedepredadores que empiezan a ofrecerte todo tipo de servicios (cambio demoneda, taxi, transporte de maletas...). Después de rechazar todos susservicios y arrepentirte ad infinitum de no haber anotado en un papelito losteléfonos de alguno de los profesores y habida cuenta de que dados lospersonajes que allí se concitan, no procede sacar un ordenador portátil dela mochila y ponerte a mirar la agenda, me fui a preguntarle a dos chicos deun puesto de información turística cuál era el método más seguro para quetodo mi cuerpo llegara sano y salvo a Caracas, separado 30 km delaeropuerto. Me recomendaron que tomara unos taxis negros muy caros quecobran 150 000 bolívares (50 euros al cambio oficial o 19 al cambio«paralelo»). Ya en el taxi, camino de Caracas, empiezo a llamar a algunos profesores (arazón de 4 euros el minuto desde mi móvil), dejo recados en un par decontestadores automáticos, pero no consigo hablar con nadie. Me dirijo alhotel que me habían indicado, el Altamira Suites. El taxista habla conmigo una especie de español convulsivo y mascullado,que casi no entiendo, pero comprendo que es casi cervantino comparado con elque habla con su hijo que, en cierto momento, lo llamó al «celular». De laconversación que tuvieron, lo único que alcancé a entender fue algo así como«¡moñoño moñoño!». Llegué al hotel, me presenté y me dijeron que era un placer conocerme,pero que yo no tenía habitación en su confortable establecimiento. Por fin,sonó el teléfono y me llamó una de mis anfitrionas. Se disculpó y me dijoque les habían cancelado la reserva en ese hotel y que ahora llamaba a unascolegas para que vinieran a buscarme y llevarme al otro, al Hotel Alba (alotrora Caracas Hilton, que al igual que su homólogo habanero, acaba de sernacionalizado por Chávez). En lo que eran los jardines del hotel, Chávez losha convertido en «cultivos hidropónicos urbanos y periurbanos». Supongo quela especialidad es pepinos a la dióxide de carbonara à la tube d'escape. Yme dijo la profesora que menos mal que había bajado en un taxi de esosporque el año pasado, a otro profesor invitado (al que también debieron deolvidar ir a recoger) se había tomado un taxi «normal» y lo asaltaron caminode Caracas (seguramente, conchabados con el propio taxista). Chévere. Llegamos al Hotel Alba (una torre enorme en el centro de la ciudad) y mefui a recepción. También me habían cancelado la reserva porque era más tardede las cuatro de la tarde. Logramos arreglarlo y me dieron la habitación213. Cuando ya me iba a la habitación, pregunté: «¿Tiene Internet tal comopone el folleto del hotel?». Y no, no tenía, así que me cambiaron lahabitación: 1031. Los profesores se fueron a un restaurante italiano delhotel a esperarme y yo subí a ducharme. Al llegar, la llave no solo no abríala puerta sino que del interior de la habitación salían unos sonidos que mehacían pensar que estaba ocupada y que sus ocupantes estaban, a su vez,ocupados en algún tipo de juego. Sospecho que un hombre y una mujer jugabana pasarse una pelota de baloncesto porque se oía como un gemido del hombre,luego un golpe --como cuando un balón te golpea la barriga-- y luego unquejido leve de ella o quizá era un gesto de esfuerzo al recoger la pelota.Esta sucesión de sonidos se repetía unas tres veces por segundo. Visto lo visto, bajé a recepción, les dije que la llave no abría y queademás, parecía haber gente, y me dieron otra llave de otra habitación: la1637, en la que estoy actualmente. Me duché, bajé y mis anfitriones estaban tomándose unos cubalibres, asíque imaginé que había que acompañarlos y me pedí otro, pensando que era lahora de las copas (sobre las siete de la tarde). Pero resulta que no, quecomo en este país no hay tradición de vino, la gente cena con un whisky o uncubata en la mano. Así que mi primera cena caraqueña fue antipasto conalcohol. La combinación del cansancio por el desfase horario, la comida y elalcohol, no tardó en obrar: estaba borracha y devastada, así que subí aacostarme. Hubiera preferido ir a dar un paseo por los alrededores delhotel, pero mis anfitriones me dijeron que no se me ocurriera pisar la callede noche y menos las calles que rodean mi hotel. No en vano, cuando se poneel sol todo el mundo huye a sus casas y se produce un curioso efecto deselección natural: todas las personas que te cruzarías caminando de nochepor la calle tienen la sola intención introducir algún objeto metálicodentro de tu cuerpo por vía parenteral, cutánea o rectal. Al día siguiente me levanté y me metí en la ducha, pero el agua salía casifría. Me duché bramando en arameo y bajé a desayunar. Llamé el ascensor,pero no venía, bajé un piso (al 15.º) y vi que pasaba lo mismo, volví a lahabitación para avisar a recepción, pero no funcionaba el teléfono, así queme bajé los 16 pisos por la escalera de emergencia. Al llegar a recepción medijeron que no había luz en el edificio y que me fuera a desayunar a lacalle, a un bar de comida venezolana en el que también podían darmedesayunar. Ah, me había dejado la cartera en la habitación (al fin y alcabo, solo había bajado a desayunar), así que tuve que subir, pero no sabíapor dónde. Las escaleras de emergencia permitían salir, pero no entrar yninguno de los guardias de seguridad del vestíbulo sabía cómo hacer parasubir, pero tampoco pensaban averiguarlo por mí (quizá por eso nadie sehabía tomado la molestia de subir a avisar a las docenas de huéspedes queesperaban, jaja, el ascensor, cargados de maletas para el aeropuerto en lasdiversas plantas). Visto el panorama, abrí de una patada una puerta de lazona de servicio y cocinas y me busqué la vida para llegar a lashabitaciones. Al salir del hotel, comprobé por qué no se podía pasear por la noche porsus inmediaciones: si de día ya acojonaba, de noche, debía de ser como unapeli gore. Delante del «bar típico venezolano» que me había recomendado el premionobel de la recepción parecían estar rodando el videoclip Thriller deMichael Jackson, tal era el porte de los sujetos que caminaban dandotraspiés o arrastrando sus extremidades por la acera y emitiendo sonidosguturales. Como la mujer de Lot, atravesé el grupo de sujetos sin miraratrás y entré en aquel establecimiento movido por un hambre canina. El desayuno estuvo bien: un jugo de naranja natural, una arepa de atún yun café con leche por dos irrisorios euros. Ah, y espectáculo gratis:mientras desayunaba, entró en el local un «malandro» (delincuente) a pedirledinero al jefe y ahí me di cuenta de que en caso de problemas, nadie te va aayudar (sus propios camareros seguían trabajando, pero vigilando al tipo dereojo y buscando, supongo, el lugar en el que se echarían cuerpo a tierra siempezaba la balacera). Viendo los ademanes del tipo que ante la negativa deljefe, echaba la mano a la cintura, yo también evalué si la mesa en la quedesayunaba podía parar unas cuantas balas. Como nadie tenía la certeza deque el tipo tuviera un arma bajo la camiseta, el jefe se metió detrás de labarra sin darle la espalda y echó mano de un objeto pesado que acabó porconvencer al tipo para abandonar el local, como vampiro ante agua bendita.Debía de ser un crucifijo o una recortada, pero creo que era una recortada.Comí el resto de la arepa notando cómo el corazón me latía en la boca (¿seráesto la famosa pasión latina?) y me fui impresionada. De ahí me fui a una calle contigua en la que había un mercado popularcallejero de comida. Como había mucha policía y ejército, me pareció unsitio seguro y comprobé que en la Venezuela chavista empiezan a escasearbienes de primera necesidad (leche, azúcar) lo que provoca colas de miles decientos de metros para conseguir estos productos. Además, otros productos notan básicos, pero tan comunes como unos Krispies de Kellogg's, también handesaparecido porque los fabricantes han sido invitados a irse del país o leshan expropiado la fábrica o temen por su integridad. El resto del domingo me lo pasé recorriendo Caracas con Luis y Carlota,dos colegas amabilísimos que me cuidaron mucho. Él es español (llevaveintidós años aquí) y ella es caraqueña. Me enseñaron El Hatillo (unmunicipio que pertenece a Caracas) y otras zonas residenciales y tranquilasde la ciudad muy agradables. Visitamos la Universidad Simón Bolívar, ubicadaen una antigua hacienda, preciosa y llena de zonas verdes, y nos fuimos acomer un «pabellón criollo» mientras caía una manta de agua y una granizadade aúpa. Luis y Carlota me hablaron de la situación del país (para echarse allorar) y me dieron consejos sobre seguridad y cosas que hacer en la ciudad.Esa noche no cené, porque mi cuerpo ya no aceptaba más alimentos a base deharina. A Luis, hace diez años, lo secuestraron dos tipos. Le sacaron todo eldinero que tenía encima y en las tarjetas y lo fueron paseando por cajeros yluego por barriadas a las que iban a comprar droga para metérsela. Élintentaba establecer un vínculo con ellos para que no le hicieran nada, perono debió de hacerlo bien porque cuando ya no les sirvió como fuente deingresos ni como chófer, decidieron darle boleto: se lo llevaron a undescampado y le metieron dos tiros. El primer tiro no le dio (estaba muydrogado) y el siguiente se encasquilló, así que el segundo fulano decidióasfixiarlo, pero como estaba muy drogado también pensó que lo había matadocuando perdió el conocimiento. En esos casos, nadie denuncia, pero él recurrió a un intermediario con lapolicía para averiguar quiénes le habían hecho eso, y el propio policía ledijo que por 100 euros les daba boleto a los dos. Luis decidió no cargar conese peso a sus espaldas, y pensó en lo que el agente también le había dicho:que esos acabarían muertos por sus propios medios. Y así fue. Ayer estuve en sitios magníficos, en casa de la familia de Carlota y hoyestuve paseando por la universidad, en un restaurante muy agradable y en unclub de jazz delicioso, y era como estar en otra ciudad y en otro país. Todoera magnifico y sabroso. Y esa es precisamente la característica de Caracas:puedes estar viviendo distintas realidades, cosas bellas y sórdidas dentrode una misma ciudad. En Caracas, de lo más sublime al infierno solo hay doscalles de distancia y unas horas de luz.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Deus é ateo...


Un dia, paseando por Jerusalém cruceime -en que outra cidade do mundo poderia atopalo? - con Deus.

Convideino a un café e falamos como dous vellos amigos sobre o divino e o humano, e ao final díxenlle:

-Amigo Deus, sempre quixenche facer unha pregunta, cal é a relixión que máis se aproxima a ti: O xudaísmo, o cristianismo, o islamismo...?

Deus me confesou de pronto que El era pouco relixioso e, ao final, acabou recoñecendo: - Meu fillo, creo que inclusive son un pouco ateo. E isto mesmo é o que creo: seguramente, Deus é ateo.

Amos Oz responde asi, recordando un espléndido conto seu, á pregunta sobre a súa fé relixiosa. E, depois dunha longa pausa, continua sorrindo:

O humor é o mellor antídoto contra o fanatismo. Estou convencido de que Deus concordaria.

Deus é ateo...

Teño 65 anos: son máis vello do que o meu país. Nacín en Xerusalén, comedia multiétnica que ás veces acaba en traxedia. Casado hai 45 anos coa mesma muller: o mérito é dela. Teño 3 fillos e 4 netos. Nin branco nin negro: interésanme todos os matices da cinza. Cada lingua é un instrumento musical: pequenos ou grandes cada un é irrepetíbel.

-Cando neno eu quería ser bombeiro. Polo uniforme. Sabe? Encantaba as meniñas.

-E non tive sorte. Tiven que me conformar co plano B: ser escritor. Non seduciría con botóns dourados, mais si con belas palabras.

-E funciona?

-Hoxe a miña forma de ser bombeiro é tentar que meus lectores se comprendan mellor a sí mesmos e a seus próximos e así vivan de forma máis profunda. Que vivan máis.

-Como o intenta?

-Vivo xunto ao deserto. Na alborada, érgome e saio a vagar sen rumbo. Trato de ouvir.

-O que?

-Ao volver para casa, poño as novas das 6 e alí están os políticos enchendo a boca de palabras: -Para sempre...;- Nunca máis... e entón escoito as pedras do deserto rindo, deserto que é o mesmo hai 100.000 anos.

-E despois?

- Xa estou preparado para escribir, o que é chatísimo. Tento xuntar palabras. Ás veces estou a mañá toda sen facer nada. Nin unha liña. Fico ollando a parede.

-Non se sinte frustrado?

-Estes baleiros son tan necesarios como as mañás en que remato unha novela. Tamén son escribir. Despois voume a un café.

-Para perder o tempo?

-Non. En Israel calquera descoñecido fala con calquera un: - Xa viu o xornal? Este goberno está louco. Só queren que lles dea a razón. Ninguén escoita a ninguén, mais eu si. Gaño a vida escoitando.

-Por que lle pagan o café?

-Non, mais tocan con novas billete o mesmo pequeno instrumento ca min: o hebreo.

-Pequeno instrumento.

-Non importa. Oito millóns de falantes son máis do que falaban inglés cando Shakespeare escribiu a súa obra. Mais aínda que foran menos: só un idiota pensaría que un instrumento produce mellor música por ser maior ou unha lingua mellor literatura por ter máis falantes.

-Aseguro que hai moitos idiotas.

-Sabe que en Barcelona hai mil anos había poetas cataláns en hebreo?

-Cónteme.

-Escribiran poesía abertamente homosexual grazas á influencia dos árabes, moito máis tolerantes. Desde a diáspora, durante 17 séculos, o hebreo foi confinado á sinagogas até que un día, hai 100 anos, volveu á vida en Xerusalén.

-Como?

-Unha moza xudía europea dixo a un xudeu de Xerusalén - ámote - en hebreo, porque era a única lingua que compartian.

-Os seus pais falabanlle en hebreo?

-O meu pai falaba once linguas e todas cun terríbel acento ruso e a miña nai, sete. Eran profesores e entre eles falaban ruso e polaco para que eu non cós comprendese.

-Por que?

-Porque case sempre falaban do que sofrían os seus parentes na Europa: o Holocausto. Comigo só falaban hebreo para que non aprendese ningunha lingua europea e evitar así que me fose e acabase alí nun campo de concentración. As miñas primeiras palabras en inglés as aprendín na rúa lanzando pedras aos soldados: - British go home!.

-Vostede viviu a fundación de Israel.

-De preto. Coñecín, e moito, a todos os seus protagonistas: os que saen hoxe nas billete de diñeiro. Xa son máis vello que meu propio país.

-Lin que o estivo nun kibbutz.

-É o único experimento socialista de xente normal. Nin partidos nin gobernos nin burocracia. Unha chea de amigos compartian todas as súas propiedades e fundaban un kibbutz.

-Din que o traballo era duro, mais a vida sexual dos kibbutzim era variada.

-Aquilo non era unha comuna hippie. Talvez os recenchegados pasasen dous, tres, catro anos gozando dunha relativa promiscuidade. Mais sempre acaban casando.

-Aprendeulle máis o kibbutz ou a guerra?

-Os dous. Fun oficial. Nunca fun pacifista: non creo que os pobos teñan que se amar. Isto é inxenuo. Eu me conformo e milito para que non se maten.

-Xa sería moi.

-Loito por un compromiso pragmático entre inimigos que lles impida de se asasinar. Esta é a realidade. Non son mesianico como Bush e os seus. Non me interesan nin os villanos nin os heroes. Este é un filme ruin.

Qu lle interesa?

-Unha batalla entre marido e muller cando os dous teñen toda a razón. Unha batalla entre pai e fillo cando o amor do pai é tan xenuíno canto a ansia de liberdade do neno. Isto é o que fago como activista e escritor: tento explicar o ser humano.

-Pactar co demo.

-O pacto é a vida. A cesión por ambas partes salva a Humanidade. O oposto é a inflexibilidade, é o fanatismo, é a morte. Nas miñas novelas falo da xente: todos somos medio felices, porque a felicidade non existe. É como un orgasmo eterno. A alegría si existe.

-Menos mal.

-Si. E a pena e a soidade. Escribo sobre elas e sobre as cousas estúpidas e dañinas que nos facemos e facemos aos demais.

-Por que nos facemos dano?

-Por vaidade: a eterna comedia humana.

-Só pola aparencia?

-Queremos impresionar aos demais. Por iso facemos idiotices e chegamos a ser malvados. Barcelona ou Tel Aviv están cheas de persoas que traballan máis do conveniente para gañar máis diñeiro do que realmente necesitan para comprar cousas que en realidade non lles fan falta para impresionar a xente de quen realmente non lles gusta.

Discurso lido en Barcelona por Amos Oz con motivo do "Premi Internacional Catalunya 2004"

sábado, 6 de diciembre de 2008

Bailando un vals con Bashir...


Vals con Bashir (2008) é un filme de visión obrigada. Con guión e dirección de Ari Folman. Non se trata só dun filme de debuxos animados, é unha reconstrucción das imaxes dos personaxes da realidade que interveñen, algúns cos seus nomes, outros preferiron obviar ou ocultalos e así se vai construíndo un mosaico que lle permite ao protagonista, Folman, recuperar recordos soterrados. O comezo é xa impactante. Un can que corre, cores grises nocturnos, cabeiros asasinos, ollos tolos, vánselle agregando outros cans que arrasan con todo o que atopan no camiño até chegar ao lugar onde vive esa primeira testemuña que lle conta ese pesadelo a Folman, citando que se trata de 26 cans. Un soño recorrente que o leva ao seu servizo militar na primeira guerra do Líbano. Máis tarde resultará que ese amigo ou colega serviu xunto con Folman no Exército e como non tiña valor para entrar e disparar a persoas, encomendóuselle matar cans pois estes con os seus ladridos nocturnos espertaban a toda a aldea e entón os terroristas tiñan tempo para desaparecer. Por tanto, o seu servizo consistiu en matar cans. En cambio Folman non soña sobre a guerra mesma, reprímea completamente. Comeza unha odisea non en busca do tempo perdido senón dos recordos reprimidos. Comeza a xurdir un soño recorrente, un barco, hai até esceas curtas dun filme porno, e todo en animación na brillante creación de Polonsky, o que fai xurdir a pregunta sobre quen é o que está a documentar, se é Folman coa súa travesía física e psíquica ou aquel, que lle dá expresión e forma ao que sucede na mente de Folman. Éste chega a Holanda, onde foi a vivir un dos seus compañeiros de outrora na súa procura, que agora se converteu en obsesión. Hai un paralelo entra o que lle pasa a Folman, e por suposto non é casualidade, e o que lle sucede a Israel en xeral, arrasado por guerras, atentados, e a tal necesidade de seguir adiante. é coma se deterse nun punto crítico pode ser paralizante e até fatal, pero o malestar que se varre baixo a alfombra sae doutras maneiras, pero isto xa non está no filme mesmo, que limita o seu alcance a aquel suceso traumático que Folman e todos quixesen borrar. As personaxes, ou máis ben as persoas entrevistadas, falan coa súa propia voz, así tamén Folman que fai as veces de guía narrador cando non está a dialogar con alguén do pasado, no presente. Non hai reconstrucións de diálogos reais en tempo real do pasado; só imaxes ilustrativas que van enchendo a memoria baleira de Folman. Non hai intentos de sobrevivir como en "Beaufort'', hai un gran medo existencial, e nunha das escenas un Mercedes é cribado a balas sen ningún outro motivo que sacarse ese medo existencial de encima disparando locamente para descubrir logo que só se trataba dunha familia que viaxaba, non importa onde. Folman e os seus interlocutores falan dunha maneira tranquila, da cal non se pode inferir as tormentas da alma que o están azoutando, as imaxes falarán no seu lugar. E así se chega a unha escena que lle dá o título ao filme; toleado polos francotiradores, en plena rúa, tirando a calquera lado coa súa metralladora, o soldado baila coma se fose un vals co retrato de Bashir nun dos carteis. O asasinato deste traerá aparellado o que marca o final da investigación de Folman, a masacre nos campos de refuxiados palestinos en Sabra e Shatila, vinganza dos falanxistas cristiáns pola morte de Bashir, o futuro presidente do Líbano. Recréanse informacións coñecidas como a do xornalista Ron Ben Ishai, a súa información sobre os rumores do que estaba a ocorrer, a súa chamada nocturna a Sharón para contarlle o que había oído, a indiferenza deste que, de paso, foi premier durante o tempo en que a película se rodaba. Folman chega ao recordo de que el disparaba proxectís que iluminaban a escena onde sucedía a cousa. Unha tremenda metáfora, se se quere, que ilustra unha responsabilidade, se non unha culpa. Só na escena final párase a tomas reais de entón, unhas tomas tremendas, que deixan un impacto que non se acabará cando se prendan as luces da sala. Un filme extraordinario, un dos mellores filmes israelís da historia. http://www.waltzwithbashir.com/

A maxia das mans...

Mans
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viernes, 5 de diciembre de 2008

Lydia Kuper...


Por Xosé Luís Méndez Ferrín

O alzamento franquista perseguiu de forma terríbel varias familias xudías que radicaran entre nós vindas de lonxe. Refírome aos Dainoff de Ourense e aos Zsbarski e Kuper de Pontevedra e Vigo. Tratábase de xudeus de orixe europea-oriental que cambiaran o uso do yiddish ou jüdisch polo do ruso e do castelán (ou do galego) e que deixaran, naturalmente, de ser relixiosos. Os membros destas familias eran cidadáns (daquela si) moi cultos e de pensamento republicano de esquerdas. A actividade profisional destas xentes era a estomatoloxía ou a odontoloxía: como dentistas foron moi aprezados. Como veciños, respectadísimos.Caso sonado foi o de Abraham Zsbarski, preso en San Simón e asasinado polos falangistas sen formación de causa. Un fillo deste ocupa un lugar central na historia de Galicia en 1936. Médico pola Universidade Compostelana e tenente de complemento, Zsbarski o Mozo foi, no Goberno Civil de Pontevedra, elemento fundamental do Comité da Fronte Popular que intentou o 20 de xullo de 1936 resistir o golpe fascista. Zsbarski (entendo que comunista), Guiances (socialista) e Bóveda (galeguista) resultaron condenados á pena capital por un consello de guerra formado por xefes e oficiais sen honor. A Guiances conmutáronlle a pena de morte pola de cadea perpetua pro os seus compañeiros caíron baixo as balas do pelotón de fusilamento. O franquismo perseguiu e dispersou o que quedaba das familias Dainoff, Zsbarski e Kuper. O sionismo e os amigos de Israel en Galicia nunca falaron destes xudeus galegos.Voces e foros novos están a facer historia das mulleres galegas que destacaron en tempos recentes. A viguesa Lydia Kuper (ou Kúper de Velasco), ben pouco tida en conta, merecía unha investigación biográfica en regra. Sendo ela mociña asistiu na Facultade de Letras de Madrid (a dos finos e esguíos ulmeiros: Otero) ás clases de luminarias intelectuais da escola de Menéndez Pidal como Pedro Salinas. Lydia viviu no departamento feminino da Residencia de Estudiantes so a tutela de María de Maeztu e alí coincidiu con Teresa Díaz, outra ilustre viguesa que foi catedrática de inglés e directora do Instituto Feminino que hoxe leva o nome de San Tomé de Freixeiro. Destruída e dispersada a familia Kuper, a xoven Lydia asentou para sempre en Madrid."Que tendrán los novelistas rusos que los traduce del francés un catalán que no sabe castellano y aún así nos fascinan". Non sei se estas palabras atribuídas a Lorca foron ou non pronunciadas algunha vez na Cervecería de Correos, en Bakanik ou no paseo á lúa pola Quintana dos Mortos (ou Quintá de Mortos). En todo caso Lydia Kuper traduciu do ruso ao castelán maxistralmente, incluíndose no seu catálogo os autores soviéticos. Hai pouco, Lydia culminou (con case 90 anos de idade), o seu Guerra y Paz: a mellor traducción que da obra catedralicia de Tolstoi se teña feito a lingua románica ningunha, din os que saben. Mario Muchnik (Taller e Persoa) foi o editor entusiasmado.Eu agora evoco o día no que esta intelectual recuperou emocionada de mans do gobernador de Pontevedra Virginio Fuentes a bolsa de papel que contiña unha presa de moedas de ouro que lle foran expropiadas á súa familia en 1936. Con Lydia estaba o seu curmao Elías, director dos deportes en Novidades de Moscova que sempre tiña presente o Celta nas súas crónicas nostálxicas. Luís Ferreiro Loredo, que estaba tamén no acto, poderalles contar mellor ca min todo isto.
Faro de Vigo, 5 de Decembro de 2008

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Trece respostas e unha liña recta...


Unha conversa con Amos Oz

Por Samuel Leillen

Nunha iniciativa do Instituto Cervantes de Tel Aviv, Amos Oz dialogou coa escritora, ensaísta e crítica literaria catalana Mercedes Monmany acerca da súa obra,d a súa traxectoria e do seu compromiso coa literatura e a palabra escrita. Ao saudar, o Embaixador de España D. Álvaro Iranzo salientou a transcendencia do encontro felicitando con emotivos conceptos aos organizadores e agradecendo ao numeroso público a súa presenza. Rosa Moro de Andrés, directora do Instituto Cervantes de Tel Aviv, salientou que ''Amos Oz é o universal mestre da palabra escrita'', e agradeceu a presenza de Mercedes Monamy, ''unha das críticas máis importantes de España'', quen chegou a Israel especialmente para este diálogo, expresando votos no sentido que a Academia Sueca podería outorgarlle a Oz o merecido Premio Nobel de Literatura. Salientando que Amos Oz ''é alguén imprescindible no noso escenario'', a primeira pregunta foi sobre España e se o seu encontro con ela foi acompañado de sorpresas. Amos Oz visitou a Península Ibérica por primeira vez en 1977 nunha convención literaria organizada pola UNESCO, e o feito que fóra inmediatamente despois da caída da ditadura resultou unha experiencia moi impactante. Un xudeu non ten ''primeira vez'' no seu encontro con España, pois os xudeus chegaron a España hai mil anos atrás, tendo selado unha ligazón rica en experiencias mutuas que concluíu en forma tráxica 500 anos despois.
A obra israelí é moi recoñecida en España, podería ser iso índice da posibilidade dun continuado diálogo político?
Esa é a sorte dos escritores, de encontrarse sempre en lugares ''dramáticos'', sexa en Sudáfrica, en Iugoslavia ou en Europa Oriental. En certa maneira preténdese que o escritor sexa como o profeta, que anuncie aos políticos a realidade a producirse.
Pero da súa experiencia persoal, sabe que os líderes políticos escoitan os consellos dos escritores, agradecen as súas opinións pero eluden poñelas en práctica.
Algo semellante ao que ocorrera cos profetas bíblicos.
O libro ''Unha historia de amor e escuridade'', que foi traducido ao árabe, é unha novela autobiográfica. Como foi recibida polos lectores?
Sorprendeu notablemente, incluso en Tel Aviv foi moi lida Traduciuse xa a 20 idiomas e vendéronse máis dun millón de exemplares. É un libro que compenetra ao lector cos relatos, e este encontro provoca descargas de interese e inquietudes mutuas.
Vostede referiuse, en moitas oportunidades, ao fanatismo, en especial en ''A caixa negra''. Estamos todos a salvo do fanatismo?
Todo ser humano ten certo compoñente de fanatismo, todos temos o potencial de ser fanáticos. O fanático non pode despregar a súa vida persoal: está todo o tempo teimado en transformar ao próximo, en modificar a todos. Isto maniféstase nas células máis pequenas da vida humana, nas relacións de pais a fillos, na conduta dentro da familia primaria. E isto é o que fai que o fanatismo sexa tan perigoso. Hai só un arma para vencer ao fanatismo: o humor!
É célebre o humor xudeu. Cal é a súa orixe? É intrínseco da cultura, transmítese de xeración a xeración?
Na súa longa historia os xudeus aprenderon que cando perdiches todo o teu fondo público de bágoas, debes comezar a rir. O humor é a facultade de ver as cousas desde moitos ángulos, e isto inclúe tamén o saber rírse de si mesmo. Distintas sociedades reaccionan diferente a atentados terroristas. En España non houbo reaccións violentas tralo terrible atentado na estación de trens de Madrid. En cambio, en Holanda, a reacción do público foi lanzarse contra as mesquitas locais. O pobo español expresou un alto grao de dignidade ao non reaccionar buscando vinganza. Non teño explicación ás razóns das diferentes reaccións. Pero ningunha sociedade é inmune: sempre haberá manifestacións de pequenos grupos de exaltados sedentos de vinganza.
En España reabriuse o debate público sobre a época da ditadura. É san para a sociedade, ou debémonos conformar coa versión oficial existente?
O pasado non dá descanso. Tal vez o escudriñar o pasado resulte frutífero para a cultura. A cultura non reclama descanso, sempre busca conflitos e tensións que, sen ter que ser violentas, mantéñannos despiertos. Cando xorden inquietudes, recoméndase recorrer aos mortos, convidar a casa aos antepasados, saborear xuntos un café, e logo despachalos. Non permitades que os mortos se apoderen da vida! (Amos Oz recibiu este ano, na Universidade de Tel Aviv, o Premio Dan David pola interpretación creativa do pasado - S.L.).
Que pediría da Europa dos nosos días?
Hai sete décadas, os xudeus eran os únicos ''europeos'' residentes no continente, crían na Europa solidaria e supranacional. Non os querían, foron acusados de cosmopolitas, parasitos, intelectuais sen raíces; así figuraba nos dicionarios dos nazis e dos comunistas. Os demais eran patriotas italianos, ou iugoeslavos ou paneslavos: a súa preocupación non era a identidade europea. Os meus pais fuxiron en 1933 de Odessa a Vilna e de alí a Palestina en 1933, salvándose de ser asasinados. O meu pai Oz falaba en sete idiomas e podía ler en 17; a miña nai podía expresarse sen problemas noutros cinco. Pido a Europa tratar de non entremeterse, que permita aos xudeus e aos árabes que se entendan entre eles. Europa expulsou aos xudeus, perseguiunos, elevounos en fogueiras e campos de exterminio. Os árabes lembran á Europa imperialista, colonial, opresora e aproveitadora. Os árabes non ven nos xudeus aos refuxiados do Holocausto, senón que cáptanos como os continuadores da Europa perseguidora. Nós vemos nos árabes aos continuadores dos pogroms, dos cosacos, aos que buscan a nosa expulsión e o seguir errando. Ambos pobos buscan reivindicacións e necesitan axuda, pois deben pasar cambios moi profundos e moi dolorosos. Europa está obrigada a facilitar axuda material e protección moral ás dúas vítimas da súa cruel historia.
Hai autores que prefiren a ''memoria selectiva'' Que opina sobre o recoñecemento da culpa no campo da literatura?
Toda persoa debe ser responsable polo seu pasado. Cando o escritor alemán Günter Grass, Premio Nobel de Literatura, confesou que na súa mocidade pertenceu ás Waffen-SS, causou decepción, principalmente na esquerda. Ao falar dos nazis, Grass referíase a ''eles'' e non a ''nós''. Ao preguntarlle porqué calou tanto tempo, só atinou a contestar: ''Estaba avergonzado''.
Tal vez deba agregarse á vergonza o medo. Que opina da presenza política da relixión?
En España hai un permanente enfrontamento entre a Igrexa e o Goberno. A relixión non é perigosa, o fanatismo é o perigo. As relixións, as ideoloxías extremistas, son parte da cultura humana e constitúen a relación individual do ser humano cos seus deuses, e isto será sempre así.
Que opinión ten sobre o antisemitismo, que vostede definiu como patoloxía?
Hai que distinguir claramente entre crítica á conduta e o antisemitismo. O antisemitismo aparece tanto na dereita como na esquerda, asumindo disfrace de plataforma política. Quen alega que o Estado de Israel se equivoca no trato aos palestinos, non expresa sentimentos antisemitas. Esíxese dos xudeus que non sexan violentos pois coñeceron o sufrimento durante toda a historia, pero compréndese a violencia árabe alegando que é resultado do maltrato infrinxido polos israelís: esta é unha interpretación antisemita, doenza mental cuxas raíces proveñen do enfoque cristián.
Ten vostede contactos cos escritores ''da outra beira''?
Procuro ler todo o que se publica en hebreo, pois lamentablemente non leo árabe. Hai autores que sosteñen unha liña de diálogo, de entendemento, de concesión histórica, e merecen atención e alento.
En ''O neno do pixama a raias'' vostede sostén que hai que desenvolver a capacidade de ''poñerse no lugar do outro''.
É certo, pero non para aceptar cegamente a posición do outro, senón porque pensar en ''se eu estivese no seu lugar'' é unha conduta de pronunciado valor moral.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Hai que vivir...


"Clara". Joan Baptista Humet

Onte morreo un cantautor. Confeso que había anos... moitos anos que non me lembraba nin revisitaba os seus cd´s. Déixovos cun tema seu que ben pode ser un himno... Hai que vivir!